miércoles, 28 de abril de 2021

Forrester


 

Mi profesor de escritura no era Tom Waits. Ni Forrester, aunque de él aprendí que el primer borrador se escribe con el corazón y se reescribe con la cabeza.


Mi profesor de escritura en realidad no era una persona. Al menos, no como lo entendemos comúnmente en este mundo.


Mi inspiración para escribir era un ser difuso entre la niebla y el viento. Un sueño. Fumaba sangre seca con tomillo.


Se sentaba en el parque y observaba. Veía la insensata actitud del género humano mientras especulaba acerca de la piel de los peces.  Pero, especialmente, me abrió la mente. A martillazos de palabras y verdades.


Me demostró que para escribir hay que escuchar. Y leer. Leer mucho. Sin parar. Leer y escuchar a los mejores.


A los genios ocultos de este extraño mundo. Gracias Lulú.


Fotografía de; @lord.cah

Búnker


 

Las gotas de la lluvia que caía en el exterior se colaban por los agujeros del cemento y hormigón herrumbroso.


Una vez más, siete escalones separaban la luz de la penumbra, a la que recibía una inmensa puerta de hierro oxidado. Abierta. Esperando mi llegada.


Las gotas mojaban mi pelo a medida que bajaba cada peldaño de piedra derruida por el maltrato.


La oscuridad cubría la mitad del portón, y ya no era posible dar un paso más sin caer en el abismo.


La linterna iba desvelando los secretos del lugar, como un hipogeo faraónico. Dentro del búnker solo reinaba el silencio.


Las ramas penetraban por las paredes. El agua goteando.


Y una enorme y desvencijada silla de madera. Sola, en mitad del centro de la sala, con un foco de luz que se abría de la bóveda del techo y la iluminaba. Solo a ella.


En sus márgenes moría la vida y reinaban las sombras mojadas del cielo.


Fotografía de; Peter H.

martes, 27 de abril de 2021

Lagartos


 

En el país de los lagartos, la soledad valía su peso en oro. Se buscaba como al sol de agosto.


En ese universo, podía encontrar en mitad de la ciudad asfáltica y alquitranada una plazuela muy pequeña.


En ella, una mujer hablaba por teléfono mirando, pegada, a la pared.


También había un banco en el centro con dos hombres sentados juntos, pegados espalda contra espalda, atendiendo callados sus dispositivos electrónicos.


Fuera de la plazuela, todo el mundo interactuaba. Era como si en el país de los lagartos, el tiempo pasara muy despacio.


La gente no podía moverse. Tan solo mirar el mundo a través de una pantalla.


El país de los lagartos podía estar en cualquier plaza de cualquier calle. Y lo estaba.


Pero yo lo vi en ésta. En silencio. Camuflada.



Imagen; La casa de los lagartos. @elninodelaspinturas

viernes, 23 de abril de 2021

Silencio


 

Silencio mayestático.


Imperturbable. Impenetrable.


Victoria del verde sobre el gris.


Clorofila de cielo al óleo pétreo de cemento y hormigón.

Desechos


 

Aún recuerdo claramente subir por aquellas escaleras. El barrio en sí no era tan malo, pero entrar en el piso era como retroceder doscientos años a la época de la peste y el tifus.


Me extrañaba realmente que aquel sujeto no las tuvieras todas juntas, como una colección.


Ascender al piso y ver pequeñas cajas de comida en los peldaños me descolocó un poco hasta entender con alivio el motivo; eran para las ratas. Así, no entraban a las casas a robar la comida.


Dentro, un pequeño habitáculo que él llamaba hogar te golpeaba al mismo tiempo que el hedor que desprendían los cacharros de la comida que, por alguna razón, se tiraban con agua estancada a la bañera que hacía las veces de lavaplatos.


Un niño pequeño dormía semidesnudo en la cama de la ratonera que iba a servir de habitación para dos, y el hombre, amablemente lo despertó para poder ver el lugar en su esplendor.


Era como descender, de golpe, al infierno de Dante con ilustraciones de Doré.


Como dice el sabio Gerbos, "desechos de nuestro no ecosistema".



Obra realizada por; @gerbosart 

martes, 20 de abril de 2021

Reflejo


 

Era un alma atormentada por la guerra. Lo que tuvo que ver llenó de pena un cuerpo demasiado joven para tanto dolor.


Tres años bastaron para pasar de pastor a sombra. Pálido reflejo de lo que era.


Aquella noche, en aquella trinchera, fue suficiente para matar su conciencia.


Eran tan jóvenes que no hacían ni media vida entre ambos. Pero era su vida o la otra.


Ni si quiera le dio tiempo a ver su cara. No sabía su historia. No podía poner rostro al drama de una familia.


Solo sabía que corrió huyendo para no volver jamás, al menos no por su propia voluntad.


La guerra se acabó y las majadas volvieron a ser refugio del ganado, pero algo se había roto para siempre dentro de él.


Por las noches, miraba el cielo estrellado y las sombras de los riscos donde quedó su adversario se hacían inmensas.


Eran una tumba descomunal, demasiado pesada para soportarla sobre sus hombros.


Él también se había convertido en un muerto. Enloqueció. Se obsesionó con aquel cuerpo que nunca fue encontrado. Ni enterrado.


Hasta una noche. El aniversario de su encuentro. Primero, se presentó como un pálido reflejo en la piedra.


Luego, un susurro del viento que acariciaba su nombre y tomaba forma de mano.


Le invitó a seguirle hasta lo más profundo del bosque, y se detuvo en aquel lugar iluminado por las antorchas del cielo.


Un alcornoque centenario hacía de techo y dos gruesas rocas de granito escondían un pasillo de hojas que apenas podía palpar.


A tientas, pudo tocar las paredes y orientarse hacia el suelo, donde al final lo encontró.


Años después, sus huesos yacían en la misma posición donde lo dejó. El reflejo que estaba frente a él no dijo nada.


Solo le miró, y él entendió.


Bastaron un agujero en el suelo y una simple cruz de madera.


Y así ambos pudieron descansar. Para toda la eternidad.

miércoles, 14 de abril de 2021

Amistad



Decía Antonio Gala que "un amigo no se hace porque nos gustaría que lo fuese", y es que, en efecto, un amigo no se hace.


La amistad, la verdadera e intensa, esa que sabes que nunca se romperá aunque la vida golpee hasta la extenuación, no se fabrica.


Se alimenta, se cuida, se guarda como un tesoro. La amistad se riega con poca agua y mucho amor.


Amor, que es la palabra más incomprendida que existe.


Amor, que encierra tantas cosas y cuesta tanto desnudarla, capa a capa.


Porque la amistad pervive aunque no se vea a la otra persona.


Es esa sensación de conectarte al otro a través de un cable que cruza mares, océanos, montañas, valles y cielos.


Es esa sensación de imaginar que en las antípodas del universo, el creador puso una persona mirando a la misma luna que tú.


Porque hay millones de ellas, pero los dos miráis a la misma, y ella os mira. Os observa. Os vigila. Os siente.


Se baja de su trono de plata, entra en tu cuerpo, estalla y de sus brasas surgen chispas como gotas de agua que os unen.


No a los cuerpos, que son solo contenedores de sueños. La que vibra realmente es el alma.


Y dos almas unidas son inmortales.



Obra realizada por; Maria Kraetzinger

lunes, 12 de abril de 2021

Loco


 

Fue internado en Leganés en 1916 por delirios de grandeza. El mismo delito por el que aquel presbítero fue internado en 1949.


Esquizofrenia paranoide, delirios de grandeza. ¿Puede existir mejor delito para ser encerrado de por vida?


Lorazepam, diazepam, benzodiacepina.. Vete al médico, pero calla. Cállatelo. En silencio, que es como mejor se sufre. Se padece.


El silencio o el ostracismo. Ostracismo viene de ostrakon. Concha, cerámica.


De ahí al filo no hay nada. El filo del ostracismo. Del silencio.


Un filo que hiere. Un filo que mata. No hables en alto. Cadena de hierro. Correa y estaca.



Obra realizada por; Anna Krzanowska

sábado, 10 de abril de 2021

Frontera


 

La pobreza no distinguía de barrios. Las calles transmitían ese aire de miseria y desarraigo.


En todas podías encontrar las mismas caras. Sin embargo, una enorme barrera, una torre elevada al cielo, les separaba para que no se mataran.


El odio era más fuerte. Las piedras dolían lo mismo en una calle que en otra.


En todas, edificios derruidos, basura quemada en la calle y niños encapuchados buscando algo que hacer ante un futuro tan gris como el cielo que amenazaba lluvia.


Allí, sin embargo, el agua no barría la suciedad; la acumulaba. Rejas en colegios, cementerios convertidos en tribunas y vallas espinadas.


Memorias y recuerdos desde el otro lado de la alambrada.

Gris


 

"Somos grises como el asfalto". Guadalupe Grande.


En un mundo gris cielo, de esos de tormenta estival tras el cual no sale el sol,

ni la lluvia ni el viento,

solo conmueve esconderse en un vidrio cromático como la luz que se muere en un campo de heno.


Para que tus manos y tu pecho se bañen de acuarelas de ilusiones,

y se olviden de los grises de cemento. 

jueves, 8 de abril de 2021

Alféizar


 

Cada mañana se posa en el alféizar, mirándome con esos diminutos ojos.


Yo le devuelvo la mirada y se inicia así un diálogo de almas en el que nadie dice nada. Supongo que ella no quiere mucho, alguna migaja del desayuno, pero su manera de inclinar la cabeza a la velocidad de los rayos de luz que dibujan su sombra proyectada en la repisa, me intriga. Y me inquieta.


Ella no piensa nada, no dice nada. Soy yo el que echa su imaginación a volar.


Pienso que me gustaría transfigurarme, pero no en profetas del pasado. Para eso hay que tener madera de santo, y mis pecados son demasiado carnales para permitirme volar tan alto.


Me cambiaría por ella, para ser yo quien mirara con esos ojos de interrogante.


Me cambiaría por ella para volar lejos, alto y escapar de mi cárcel. No sirvo para cadenas y encierros. No tengo esencia de preso.


Me cambiaría por ella para reventar por dentro. Para estrellarme en el pico más alto, en la cumbre del campanario.


Veo gigantes en hojas de papel, el eco de una mano amplificada, dibujando pesadillas y alacranes que devoran y amputan cada trozo de mi piel.


Cada mañana, sueño que soy ella.


Obra de; @zecarrion

martes, 6 de abril de 2021

Walpurgis


 

Era un viento gélido, que entumecía hasta mis huesos.


Éstos, parecían estar hechos de cristal y hielo, como la cencellada translúcida que hacía al camino más esquivo y solitario.


A mis pies, un camino serpenteante y desfigurado por el cielo, proyectaba sombras innombrables y me arrastraba como un autómata hacia la casa.


Tres ventanas y una puerta ennegrecida me invitaban a entrar. Pero, el paisaje bucólico se trastocó en un segundo con el primer golpe de mano.


Una sola estancia, iluminada por una luz parpadeante que se agotaba como mi tiempo en este mundo, se abría ante mí.


Una estancia repleta de extrañas cajas de madera astillada, y una pila de estacas tan afiladas como los carámbanos de hielo que había dejado en el camino.


De pronto, una de las cajas reventó en mil pedazos y, en medio de una lluvia de madera, emergió una pálida mano.


Noche de Walpurgis. Noche de Walpurgis.


"Walpurgis Night. Walpurgis Night, the time is right. The ancient powers awake".

Doreen Valiente 


Obra realizada por; @iammurphy01

lunes, 5 de abril de 2021

Verde


 

Era un café tan oscuro que apenas podía ver con claridad ni sus propios pensamientos.


Estaba completamente solo. Ni su propia sombra le hacía compañía. Nadie podía soportar sus pensamientos pesimistas.


Era un ser grotesco y odioso. Hasta los parroquianos del lugar se estremecían cuando veían arrastrar cada noche sus penas en la misma mesa. Al fondo, en el rincón más profundo.


Ya solo encontraba consuelo en ella. Era la única que le entendía, que le aceptaba tal y como era. Con sus demonios y fantasmas.


Esos que le atormentaban de día y desaparecían de noche cuando el hada desplegaba sus brazos y tendía un halo a su alrededor.


Con ella a su lado, nada podía dañarlo. Era su escudo. Su consuelo.


Cada noche, el mismo ritual.


Cada noche, se reencontraba con ella. Su amante.


El hada verde. La madre de todas las yerbas. El tesoro de los pobres.


Ojos verdes, manos verdes. Guardiana de Etzerha.



Imagen; Viktor Oliva. “El bebedor de absenta”.

domingo, 4 de abril de 2021

Restos


 

Los restos de comida y la ropa tendida sobre la vieja tronera indicaban que, décadas después, aquel sitio seguía vivo. Ya no era estratégico, pero sí vital.


Escondido entre la maleza, en la ladera de un monte, se accedía casi a gatas por una abertura de hormigón que el paso del tiempo había colmatado hasta casi juntar el suelo con el techo.


Dentro, las vigas de acero desprendidas por todas partes, mostraban las cicatrices del paso del tiempo; se estaba desangrando y descomponiendo, como un cadáver herido en una batalla que ya nadie recuerda.


Un silencio que no era de piedra ni hierro, cubría como un manto invisible las cuatro paredes del fortín. Era algo indefinible.


Cuántas historias y cuánto silencio.

sábado, 3 de abril de 2021

Jaula


 

La entrada al garaje, que se había convertido en mi casa y mi cárcel en el último año, me recordaba a una jaula. Con rejas bien visibles para ver y ser visto.


Me sentía como en esos zoológicos humanos que acostumbrábamos a hacer hace dos siglos, donde la persona era la feria. La atracción.


Exponer lo ridículo o lo extraño siempre ha generado fascinación.


Por un lado, por la eterna curiosidad morbosa inherente al ser humano. Por otro, porque quizá sintamos estar viéndonos reflejados en un espejo de nosotros mismos.


Igual que les pasa a esas mentes ilustradas que en un abrir y cerrar de ojos pasan de mirar con desprecio el infortunio a ser parte de él.


Es la paradoja del gran arquitecto; unos días construye altares y otros, crea desiertos sobre sus restos.



Obra realizada por; Modest Cuixart. El Pescallunes, 1949.